Esta es otra de la pregunta que nos hacen mucho las personas que nos llaman y que quieren comenzar un proyecto empresarial de cultivo de setas. Cuando alguien imagina una explotación agrícola suele pensar en hectáreas de terreno. El cultivo de setas funciona de manera diferente: una parte importante de la producción puede desarrollarse en salas y aprovechar el espacio vertical mediante estanterías.
Por eso, la pregunta correcta no es solamente cuántos metros cuadrados necesitas, sino cómo vas a utilizar esos metros cuadrados. Nosotros hemos ayudado a poner en marcha proyectos desde 50m2 hasta naves completas de más de 2000m2.
¿Se puede comenzar con 30 o 40 m²?
Sí. Una pequeña sala puede servir para realizar ensayos, aprender el manejo ambiental y comenzar una producción limitada.
Sin embargo, 20 m² de superficie no significan necesariamente 20 m² efectivos de cultivo.
Necesitarás pasillos para trabajar, espacio entre estanterías y suficiente separación para permitir la circulación del aire. Además, una explotación profesional puede necesitar otras zonas para recepción de materiales, incubación, manipulación, almacenamiento, envasado o refrigeración.
Por eso conviene diferenciar entre superficie de fructificación y superficie total de la explotación.
El secreto está en el espacio vertical
Las estanterías permiten multiplicar considerablemente la superficie útil.
Una sala con varias alturas puede alojar muchos más bloques que una distribución en un único nivel. Pero llenar una habitación de estanterías tampoco significa automáticamente producir más.
Cuanto mayor sea la densidad de cultivo, mayores pueden ser las necesidades de ventilación, humidificación y control de temperatura.
Los propios hongos generan CO₂, calor y humedad. Si colocamos demasiados bloques en poco espacio sin diseñar correctamente el ambiente, podemos perjudicar la producción.
Cada especie necesita un planteamiento diferente
No deberíamos diseñar igual una sala destinada a seta ostra que una explotación de champiñón u otras especies.
El formato del sustrato, la duración del ciclo, la cantidad de cosechas y las condiciones ambientales determinan la capacidad real de la instalación.
Antes de calcular los metros cuadrados deberíamos establecer:
número de bloques → producción esperada por bloque → duración del ciclo → kilos mensuales deseados.
A partir de ahí podemos dimensionar la sala.
TRUCO: Las alpacas más usadas para la seta o champiñón en las grandes fábricas miden 40x40x20cm y para shiitake, melena de león, enoki, chopo o cardo suelen ser circulares de unos 30-40cm de alto y 25cm de diámetro. Después están los «troncos sintéticos chinos» que tienen un diámetro menor.
¿Cuánto espacio necesita un pequeño proyecto comercial?
No existe una cifra universal. Para una prueba piloto pueden bastar pocos metros cuadrados correctamente acondicionados. Una actividad comercial estable probablemente requerirá además espacios auxiliares y una planificación del flujo de trabajo.
Lo importante es evitar el error de alquilar primero una nave grande y preguntarse después cómo llenarla.
El proceso debería ser justamente el contrario.
Primero define cuánto quieres producir y vender. Después calcula cuántos bloques necesitarás y finalmente determina la superficie necesaria.
Diseñar antes de construir
La distribución de una explotación influye directamente sobre el trabajo diario. Hay que pensar por dónde entran los materiales, dónde se incuban, cómo llegan a fructificación y por dónde sale el producto cosechado.
También debemos poder limpiar fácilmente las instalaciones y retirar materiales usados sin contaminar otras zonas.
Por eso, si estás pensando en convertir una habitación, almacén o nave en una pequeña explotación, merece la pena aprender primero cómo funciona el proceso completo.
En el curso profesional de cultivo de setas de Setacor abordamos estos aspectos para que el futuro cultivador pueda comprender qué necesita realmente antes de realizar inversiones.
Los metros cuadrados importan, pero el diseño y la productividad de cada metro cuadrado importan todavía más.
